la marcaba el suave bamboleo del aire cargado de salitre,
que cura y refresca,
alternando el orden y la intención.

colgaba de las circunstancias,
no por inercia, si no por convicción.
cuando miras la realidad boca abajo,
la razón enseña las bragas,
lleva falda de vuelo,
para correr ligera cuando llega la emoción.

había aprendido a ondear en son de paz,
como la ropa tendida en el balcón,
que huele a limpio,
aunque no a nuevo.

sin darse cuenta, del bolsillo se le caían las monedas,
el pasado,
y el dolor.

cuando pisaba tierra, corría hacia el mar,
lo tocaba con la punta de los dedos
aclimatando el cuerpo
y el recuerdo.
huía de las olas
sobre las que después se volcaba,
en un acto de carcajada y revolución.

algunos brazos trataron de descolgar su figura,
oscilante,
quieta,
o curiosa.
les preocupaba la caída,
su perspectiva,
que no caminara como ellos.
no la podían controlar,
tampoco predecir.

exhausta con el forcejeo,
cansada de esquivar,
cogió aire,
hizo con las manos un altavoz
y gritó: – Estoy jugando,
no me digas cómo debo rasparme las rodillas.
.
.
.
.
.
.
.

Iduna RuSol

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