El día que defendí el amor

Llegados a este punto, podría ponerme nostálgica y hablar de las noches en que rogábamos a nuestros padres que nos dejaran dormir juntas, o de la Plaza Vieja y la excusa de “ya vamos nosotras a por el vino” que usábamos para pasear por el pueblo, o de las cartas que recogen una adolescencia con un pavo muy bien llevado…

Pero es que a mí no me gusta regodearme demasiado en el pasado, básicamente porque ya no existe. Así que vamos a darnos un baño de presente…y brindar por el futuro cercano, que eso sí lo podemos tocar.

En estos tiempos que corren, de mucha prisa, decenas de alternativas, poco tiempo y menos paciencia, esto que celebramos hoy aquí, vuestra boda, es un acto de rebeldía o un milagro, depende de tu grado de fe.

Así que yo, personalmente, más que daros la enhorabuena, que estaréis cansados de oírlo, voy a daros las gracias.

Gracias por sacarme durante estos minutos de mi burbuja, donde la gente pasa rápido por tu vida y no se detiene a conocer. Vosotros os habéis parado frente al otro a miraros con tranquilidad, sin reloj, y lo que es más importante: con ganas.

Gracias por obligarme a confiar en la existencia de los cómplices vitales. Esa persona que trama contigo o a tu lado, alimentando los pájaros de tu cabeza, aplaudiendo en cada meta y creando un plan de ataque contra los dramas cotidianos.

Y sobre todo, gracias por permitirme a mí, y supongo que a muchos más de los que estamos aquí, que volvamos a creer en el destino. Porque observando cómo os miráis es evidente que hay personas que se terminan encontrando, porque sus células y toda su energía se buscan por cada rincón de la tierra, el mar y el aire. Que nos podemos empeñar todo lo que queramos en escapar del compromiso, en esconder las emociones, en dedicar tiempo a todo menos a sentir, en taparnos los ojos… que cuando llega una persona dispuesta a revolucionar tus mariposas, te desarmas.

Miriam, Gonzalo, disfrutad del camino, con sus ríos, piedras, llanuras, pendientes, y el tipo de suelo que os toque pisar. Entre dos, siempre es más fácil porque habrá uno para empujar por la espalda y tender la mano cuando haya cruzado al otro lado. Aprovechadlo, que al final, el amor no es otra cosa que un bonito trabajo en equipo. La parte más romántica, más intensa, los violines y el azúcar…es efímero, y es de lo que vivimos los escritores.

Así que lo dicho…GRACIAS por lo que estáis demostrando solo con el modo en que os dais la mano, por hacernos creer a los incrédulos, y FELICIDADES por juntar a toda esta gente en torno a una emoción tan real.

Y ahora sí: Enhorabuena.

 

 
Imagen: @eves_art_project

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