De roces y abrazos

Echo de menos el sexo,
pero más me falta el abrazo de después. Y el de antes. Y el de por medio.

A mí lo que de verdad me apetece es dar y recibir un abrazo de los que se sienten, de verdad. De los que te dan escalofrío o lo provocan.

Un abrazo casa, de los que te hacen sentir a salvo, resguardada del frío y ajena al calor. Un abrazo como los que da la gente que está, al otro lado del móvil, preguntando qué tal estás y mirándote a la cara esperando su respuesta. Un abrazo con los que algunos semi-desconocidos te descuadran los esquemas y te invitan a quedarte con ellos, al menos, el tiempo que dura ese instante. Me apetece un abrazo de los que acaban en aplauso y brindis por la amistad, o los que te dejan respirar en un cuello donde aquí y ahora, dure lo que dure, construirías un nido.

Echo de menos el sexo porque es el acto que más invita a mezclarse de todos los que puedo imaginar, sin distancia de seguridad….al menos de piel para afuera. Pero de entre todos los rituales de amor, de entre todos los gestos que dicen sin hablar, de entre todas las opciones de roce que estamos deseando rescatar, me quedo con ese abrazo que dirá: por fin, tú aquí.

 

 

Fotografía de cuando Helena Selini y yo podíamos abrazarnos sin miedo en un bar después de un recital

 

 

Iduna RuSol

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