Cortina de ida y vuelta

En Nueva York no hay cortinas como las que anuncian que ya ha llegado el calor en el pueblo de mi madre, le dijo Juan a Lola.
Echo de menos esas cortinas disuasorias que se usan en los pueblos para evitar que entre el verano y lo arrase todo, pero que dejan el interior al acceso de cualquiera que quiera retirarla con un sencillo gesto del brazo.

Hay historias que merecen un cerrojo de seguridad, tramas que dan tantísimas pereza que les pondrías una puerta de madera de roble milenario, impidiendo que entre una mota de pasado. Pero otras historias, otros nombres, son la brisa de siempre con distinta caricia, y no es justo utilizar la misma puerta para frenar distintas corrientes.

Lolita le miraba con los ojos muy abiertos, alucinada, buscando el sentido de la divagación que su marido tenía en la boca hacía un rato. Le conocía, y llevaba días, desde aquella llamada de su primo, rumiando un cambio. En su pueblo, rodeado de los de siempre, de los que le faltaban y también de quienes no recordaba en absoluto, había un hueco para ellos. Acababa de abrir un pequeño bar musical y querían que regresara su talento a las noches de aquel lugar. Así que después de accionar en su interior la palanca que cambia de rumbo, tenía que convencerse en alto. Y en eso andaba Juan.

Los regresos, las despedidas, estrenar un “Hola”, es vida en estado puro… y por primera vez en mucho tiempo no razono el cambio, esta vez solo lo quiero. Quiero que nuestra música suene en una casa donde la puerta tenga una cortina de verano, que pasen los vecinos por la puerta y sorprendan nuestra rutina asomando la cabeza y preguntando con curiosidad: qué hacéis, ¿no tenéis nada que contar?

Y mientras lo verbalizaba para Lola, una parte de él ya estaba allí, saludando.

Lola y Juan cogieron el vuelo de las 20h porque esa hora seguía siendo su amuleto de buena suerte. Nadie fue a despedirles al aeropuerto y su adiós a la Gran Manzana fue retratado por un joven que estrenaba juguete nuevo, y que no lo supo nunca, pero inmortalizó el final del nuevo principio del dúo de músicos más aplaudido de la mitad sur de su caluroso país.
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Fotografía cedida por uno de los compañeros con más arte que he tenido, Igancio Incera (@ignarte)
Iduna RuSol

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