Apocalipsis emocional

Soy especialista en pensamientos apocalípticos. No os lo he comentado todavía por aquí, pero así es. Licenciada apocalíptica, podéis llamarme.
Durante varios años he perfeccionado la técnica de coger una situación presente, bastante favorable a priori, e inventarle un par de finales a la altura de mis historias. Esto quiere decir que diseñaba un ejército de razonamientos con alguna que otra frase épica, una pizca de drama justificado por antiguas experiencias y por supuesto una moraleja final que sostenga mi miedo a confiar en la reciprocidad -y merecimiento- del amor ajeno, o que siga alimentando el síndrome de la impostora, mis dos temas estrella.

Por suerte, con el Máster de Apocalipsis Emocional me ha sucedido lo mismo que con la carrera de Periodismo: he olvidado más de la mitad porque no terminaba de verle sentido a lo que me enseñaban. El otro día escuchaba un podcast sobre física cuántica y la energía que movemos queriendo y sin querer (una, que es de naturaleza curiosa) y había una verdad que me dio vergüenza reconocer.

Tenemos miles de pensamientos al día – bueno, a los votantes de cierto partido que se parece a V*X les restaba muchos miles la verdad- y el 90% de ellos son repetidos y salen en modo automático. A este modo le gusta jugar a las telenovelas, ponerle purpurina al dramatismo, rescatar momentos en los que todo salió mal, volver a aquella frase que nos rompió el corazón y las ganas, recordarnos lo solitos que estamos en este mundo cruel, repasar ese día en que no fuimos capaces de algo, susurrar que no merecemos apostar, porque pa qué. Y el día que decides con consciencia confiar en que todo va a ir bien, porque sabes y porque puedes escoger a qué le dedicas tu tiempo dentro y fuera de tu cabeza…quieres resultado ya. Joder, si yo actúo bien, tengo más buen karma acumulado que una camada de cahorritos, ¿dónde está mi realidad ideal?

Pues mira, te explico. Ese pensamiento positivo pierde aplastado por el elevado porcentaje de pensamientos de mierda en bucle. Te matan las matemáticas, y para mí que soy de letras no es algo nuevo.
Pero tampoco hay que sacar el látigo y azotarnos por este apocalipsis que se pasea por las cabecitas, porque alguno de esos pensamientos ha cumplido su función, que es la de autoprotegernos. Pero ya no hace falta, echa un vistazo. El ejercicio de hoy es ver cuánto de eso se que se nos cuela en modo drama queen, tiene sentido hoy. Si llevas años haciendo tu trabajo bien, no valen los pensamientos que te dicen que no vales para esto. Si tienes al lado alguien que te mira bonito y te cuida como tú cuidas, apaga la alarma porque hoy no se va a ningún lado. Si ya has empezado desde cero otras veces, pensar ¿qué hago yo ahora?, tampoco aporta nada útil, si estás haciendo lo que te apasiona, no te preguntes si es lo correcto, ya sabes que sí.

Revisar, elegir y descartar. Supongo que este es el primer paso antes de tirar a la basura todos los apuntes de mi especialidad en Apocalipsis Emocional. Y todos sabemos el gusto que da quemar después de aprobar, así que vaciad la mochila que tenemos que hacer hueco a lo bueno, o al menos, a lo nuevo.
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Foto de otra carta que me mandó mi amiga Helena Selini de su baraja del tarot de Ricardo Cavolo.

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